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11.15.2010

erase una vez un principito jovencito

que tenía un primo que era un reyecito más mayor y vecino suyo. su tito, o su primo, da igual. bueno.

el reyecito mayorcito vió cómo su primo, o su tito, da igual, iba a heredar su coronita a causa de la muerte de un señor muy, muy malo. para celebrarlo, el reyecito mayorcito decidió que a su primo, o su tito, da igual, no le importaría compartir con él parte de sus fincas, así que el reyecito mayorcito salió, arengó a su pueblo, que era suyo del mismo modo que las fincas, y lo mandó, plin plan, plin, plan, andando en una marcha verde y esperanzadora, a tomar posesión de parte de las fincas de su primo, o su tito, da igual.

a su primo, o su tito, el principito jovencito, le pareció bien, y ordenó a sus aparceros -que iban vestidos de militares del ejército del país que el principito iba a heredar, pero como también eran suyos les podía poner el traje que quisiera- que dejaran pasar a aquellas buenas gentes.

y colorín colorado... si no fuera porque el cuento no se ha acabado y porque las gentes no fueron felices ni comieron perdices, pero el principito fue reyecito, el reyecito mayor le dejó a su hijo sus fincas, y su hijo fue también primo o tito del reyecito que antes era principito y, ellos sí, fueron felices.