Google+

6.08.2009

lupercales

Un mes antes de ser asesinado, César presidió las Lupercales. Una fiesta antiquísima en la que los oficiantes, los Lupercos, desnudos o semidesnudos, corrían alrededor del Palatino, golpeando a las gentes, hombres y mujeres, con las tripas de un macho cabrío y un perro que previamente habían sacrificado ritualmente y con cuya sangre se habían bañado la frente.

Estas fiestas se celebraban alrededor de los idus de febrero, posteriormente la Iglesia de Roma intentó llevarlas a su terreno y en esas fechas se celebran desde el siglo VI o VII las festividades en honor de Valentín, luego llegarían los grandes almacenes.

En estas Lupercales, Marco Antonio quiso coronar a César rey de Roma, imponiéndole por tres veces la corona de laurel de los antiguos reyes. Según Suetonio y Plutarco, Marco Antonio, ya famoso por su físico y sus proezas sexuales, exhibía una enorme erección (Cicerón, en sus Fillipicae lo describe como "desnudo, ungido, ebrio"). Esa demostración de fuerza y de poder le granjeó las simpatías del pueblo (la plebe romana, los proletarii, el censo por cabezas, incapaz siquiera de poseer un esclavo, pero que tenía el privilegio de la ciudadanía romana).

Viendo las fotografías de la villa de Il Cavaliere, de la cosa Berlusconi como ha dicho José Saramago, entiendo porqué las gentes siguen votándolo. A falta de pedagogía política, a falta de discurso organizado que nos devuelva -a los proletarii- la conciencia de pertenecer a un grupo -con protagonismo en la historia, así, en minúsculas, y en la Historia, la que se había acabado-, el pensamiento individual se vuelve masa y, de uno en uno, por miedo o por interés, se vuelve hacia el poder. Es mejor votarle a un candidato que aparece erecto delante de las muchachas. Es mejor votarle a quien tiene el poder para hacer posible todo eso.

Berlusconi no tiene siquiera la elegancia de Sila, sino que es Tiberio in Capri.

Cuando se pierde la razón -colectiva-, viene la barbarie -colectiva-.

Lo único que espero es estar preparado cuando vuelvan las camisas. Pardas, azules, grises.