Google+

8.03.2009

a ver cómo lo cuento

eso. A ver cómo lo cuento. Lo mío son impresiones desde la línea 5. Es la que me lleva al Carrefour. Veo gente en pantalón corto, con deportivas, corriendo por las calles mientras el autobús me conduce, aire acondicionado mediante, a mi destino. Son casi las seis de la tarde, en el exterior la temperatura es de treinta y ocho grados y la humedad relativa es del noventa por ciento (cada vez que escucho este dato en la radio me pregunto sobre su significado).

Y reflexiono.

"Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar". Bueno. Vale. Esta es una de las afirmaciones que damos como buenas por evidentes. Bueno.

Yo también creo que es cierta, pero para mí que se queda corta. No sé. Yo establecería la clave del tema en la velocidad. En la forma en que se recorre el camino, porque el camino se recorre, aunque no exista.

Me explico.

Están los que quieren transitarlo rápidamente, consumiendo todos sus pasos, por si no hay un paso más que dar.

Y están también los que pasean el camino deteniéndose a cada momento, volviendo atrás, avanzando y retrocediendo, disfrutando cada momento como si no hubiera un paso más que dar.

Luego estamos los desconfiados. Yo ya tengo una edad en la que soy asiduo asistente a velatorios. En algún momento de la noche, alguien, siempre, comenta algo parecido a esto acerca del finado: "Hay que ver, con lo que andaba este hombre..."