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12.20.2009

lo cotidiano.

la magia de lo cotidiano. el placer del placer de lo diario.

o quizás no. hoy he sido testigo de algo maravilloso (lo que te maravilla). en primer lugar, llovía, sigue lloviendo a éstas horas, en Almería. y la temperatura rondaría los siete grados centígrados. bueno. el caso es que no tenía más remedio que salir a la calle a cumplir dos imperativos categórícos: adquirir la prensa (tres periódicos diarios) y comprar tabaco (el primero de los dos cartones semanales que me venden Cristina o Miguel).

lo admirable maravilloso ha sido descubrir nubes de vapor que cubrían el asfalto, únicamente el asfalto. emergían lentamente, como fumarolas extrañas desde la superficie de la calzada, negra y brillante por la lluvia.

he levantado la vista, o la he bajado, no sabría decir muy bien. el caso es que he apartado el paraguas y, al comprender la causa racional de la neblina he comprendido la belleza de vivir.

estaban acabando de cubrir mi calle con la primera capa de brea, la que se aplica sobre la grava apisonada para darle cohesión y compactarla. el alquitrán aplicado a presión, se hunde entre las piedras y las une. a lo lejos ví la máquina-dragón, color verde musgo brillante por la humedad. iba seguida de una cuadrilla de obreros, cada uno vestìa un peto (equipo de protección individual, se denomina esto en prevención de riesgos laborales) reflectante, de un color amarillo limón con una franja blanca brillante en el centro.

ellos precedían a las fumarolas que emergían lentamente tras su paso.

era la condensación producida por el contraste entre el calor del alquitrán y la humedad y el frío de la lluvia acumulada.

me ha tentado la idea de regresar a casa, coger la cámara y tratar de congelar el momento.

pero me ha parecido, por un lado injusto, es preferible dejar que las cosas pasen. acontezcan.

y por el otro, he pensado que hay cosas que son de uno, que no hay porqué reproducir, ni compartir. dependen de tu suerte. que tenemos derecho a vivencias privadas.

yo hoy he tenido suerte. hay goles que te los meten con el corazón.