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3.14.2010

Rectificación

Hoy, por ayer, he conversado con unos amigos acerca de Delibes. Yo mantenía que él no era uno de mis escritores favoritos.


Para mí, y sigo manteniéndolo, me gustan más Torrente Ballester y su "La saga fuga de Jb", una de las novelas más fáscinantes, divertidas y experimentales de los escritores en castellano españoles. También me podría referir a "Señas de Identidad" del Goytisolo Juan. O a "Ültimas tardes con Teresa" de Marsé, o a "El gran momento de Mary Tribune" de Hortelano...


En definitivas cuentas, yo exponía que su estilo no me gustaba. Que sus obras no eran como las citadas, hitos que marcan un momento.


Aunque me gustaba la persona. En buena parte, porque durante diez años o así, Pepa Fernández lo entrevistó por lo menos una vez al año y nos hacía descubrir quién era Delibes. Salvo el año pasado, que a quien entrevistó fue a Miguel Delibes hijo, director del parque de Doñana, al cual su padre contribuyó a conferir tal categoría.


Acabo de volver a ver de nuevo la versión cinematográfica de "Los Santos Inocentes".

  • He comprendido que me había expresado mal. El lenguaje verbal es lo que tiene. Delibes no ha construido un mundo, no es Faulkner. Tampoco se ha empeñado en construir una OBRA con todas sus mayúsculas. Delibes nos lo ha contado, un mundo en el que la brutalidad, el odio, la miseria y, a la vez, la nobleza de los pobres, existen. Y la doble moral de la burguesía, la instrumentalización de los pobres como cosas ("Los Santos Inocentes" está ambientado en los años sesenta, veinte años después, Berlanga pudo rodar la trilogía de "La escopeta Nacional", ya despreciando a los señoritos. Cuando Delibes escribe su novela no puede despreciarlos, porque son reales, son amos de vidas y haciendas).


Desde "Las ratas" hasta "El Hereje"

"Cuéntanos cosas de la guerra, papá". Doble moral, función de noche, cerrado por deshonra. "Eso se llama tener cutis. En las capitales hay muchas mujeres que lo tienen…"


Hoy, uno de sus hijos ha proclamado en el funeral de su padre que ni Manuel Fraga ni Adolfo Suárez le dejaron escribir -en la prensa- lo que el quería escribir.


Por eso, quizás, escribió más de sesenta libros. Porque a través de la ficción, nos podía contar, a quienes quisiéramos leerlo, lo que pasaba.


Y rectifico. Sin darme cuenta, la sombra de Delibes ha planeado sobre mi ánimo como lector. Quizás su alejamiento del mundo del espectáculo es lo que no me ha llamado la atención. Eso es parte de mi vulgaridad.