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7.30.2010

éramos pocos y parió la abuela

La actual ministra de cultura del estado español, la señora González-Sinde ha declarado recientemente "que los toros son cultura", para lamentar la decisión del Parlamento de una de las naciones del estado español -que por otra parte es la segunda en hacerlo- de prohibir los festejos taurinos como evento comercial en su territorio. En las mismas declaraciones y para reforzar su argumentación establece que son como "un ritual" que explica cosas de la vida.

Bueno.

Hay otros actos que también son cultura y que, por las mismas razones, deberíamos plantearnos no ya su defensa, sino su reivindicación.

Citemos:

Pongamos por caso la ablación del clítoris (extirpar a las niñas premenstruales el clítoris, para que se olviden del placer durante toda su vida). O la infibulación vaginal (práctica que consiste en realizar lo mismo que en la ablación, pero además cosiendo a la mujer los labios mayores, dejando una pequeña abertura, a veces incluso una cánula, para la orina). No es necesario explicar que estos actos culturales forman parte de "un ritual" que ofrece explicaciones para una forma de vida. Sin ir más lejos, en castellano se pueden traducir fácilmente, no creo que haga falta dar más explicaciones, por expresiones tales como "la maté porque era mía" y "abrirla como un melón".

Por otra parte, "el noble arte de la tauromaquia" no es exclusivo del territorio hispano. Hasta finales del s. XIX en Inglaterra eran comunes las peleas de animales en público. En concreto, de toros contra perros. De hecho, dos de las razas más comunes hoy día como mascotas tienen su origen en tan entrañable tradición cultural: pittbulls y bulldogs. Se lanzaba una jauría de perros de estas razas contra un toro en un circo, a ver cómo se enganchaban al cuello del astado y lo derribaban, mientras el toro destripaba a cuatro o cinco. Otro "ritual" que explica cosas de la vida.

En Berlín, en París, en Praga, en Varsovia fueron comunes hasta los años treinta del siglo XX las peleas de toros contra osos, tigres o cualquier cosa que se meneara. En fin.

También son hechos culturales la lapidación en vivo, el ahorcamiento, el fusilamiento, la imposición de vestimentas determinadas a determinados clanes o sexos... Hechos todos ellos ritualizados y que dan sentido a la vida de quienes los ejercen, sufren, padecen o contemplan o les hacen contemplar.

Señora Linde, por favor, dimita (es un hecho que no está arraigado en la tradición cultural de nuestro país. Cierto. Pero mire por dónde, usted podría contribuir a implantarlo, y así dar un pasito más en el camino de modernización e ilustración de España en su conjunto).