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6.14.2014

España-Holanda, Crónica.

Bien, son las 22:43, hora española (la de Berlín, pero esa es otra historia ). 

A mí, me gusta el fútbol. 

Manólo Vázquez Montalbán, también. En alguna ocasión, nos contó, no recuerdo ahora mismo la cita exacta, que uno no puede ser siempre racional -Manolo hablaba de dogmatismos, pero también de sectarismos-. También nos dijo que el fútbol era el lugar de encuentro de las pasiones (como la copla, a la que recuperó para el pueblo y nos enseñó que teníamos una educación sentimental que era nuestra; que la copla era la vía de escape de los patios de vecinos y de los sentimientos de la clase trabajadora). 

Manolo nos enseñó, gramscciano  él, que le vamos a hacer, que es tarea nuestra, colectiva pero también indiviudal, la de construir(nos) espacios de libertad. El fútbol es uno de ellos, pero también la copla, la literatura, la lectura. 

En definitivas cuentas, nos enseñó que la libertad no es un derecho, es algo que está ahí y que se coge, se agarra desesperadamente, que la libertad no nos la quitan, porque es nuestra.

Bueno.

Sabemos que las tendencias y los trending toppics en twitter, esa manía de las etiquetas -etiquetar es identificar tanto al amigo como al enemigo, es tomar partido, pero no "partido hasta mancharse" (no significa compromiso, solo partidismo), sino señalar la diana contra la que atacar o a la que defender-, son falsas, en la primera acepción que ofrece la R.A.E. (1).

Reclamar la reflexión en tiempos de crisis. Citar a Azaña. Creer en el espíritu republicano (preguntarse "¿qué república?", es una mera cuestión retórica: la cosa pública es lo que nos atañe a todos, el interés general, el preguntarnos, una y otra vez, qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo).

Echo de menos las conversaciones de Manolo con Julián Marías, corazón tan blanco, corazón tan blau, pero conversaciones. Diálogo, reflexión y política.

Bueno.

Y las redes. La anomalía.

A esta hora la tendencia en este país es la siguiente: