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4.17.2009

una de piratas

Los piratas nos suelen caer bien. Es más, yo estoy esperando todavía que determinada morena me mire a los ojos y me susurre "...pirata...".

Yo he crecido admirando a los piratas, Errol Flynn, Burt Lancaster, Kirk Douglas fueron fantásticos, Geena Davis fué más fantástica aún. Me gustaron desde el que iba mirando "Asia a un lado, al otro Europa/y allá a su frente, Estambul" hasta el que paseaba por el fondo del mar, peleando contra capitanes-pulpo, del brazo de una rubia ojos azules.

Los piratas molaban, imponían su libertad, su capacidad de decisión frente a las leyes impuestas por los poderosos y poderosas de este mundo.

Eran otros tiempos.

En Somalia y en Etiopía no hay Estado. Diversas revoluciones, contrarrevoluciones, intervenciones, han convertido sus territorios en tribus de señores de la guerra. En el Cuerno de África no hay Estado, pero vive gente.

La gente del Cuerno de África hasta hace unos años vivía, mal que bien, entre otras cosas, de la pesca. Pero como en sus tierras no hay Estado, en sus mares no hay aguas territoriales.


Consecuencia: vamos a pescar allí. Y digo vamos, porque los que van son las grandes flotas de las empresas pesqueras europeas, asiáticas y americanas. Las de los países ricos, vamos.

Eso, en derecho internacional, se denomina "expolio". Las grandes empresas de pesca multinacionales están robando los recursos naturales -la pesca- de los habitantes de los pueblos del Cuerno de África. No obstante, como el "derecho internacional" está de nuestra parte, declaramos sus aguas "aguas internacionales" -no lo son- o, para salvarnos las espaldas, "aguas libres". Bueno.

De repente, un héroe.

No digo que no lo fuera él personalmente. Pero una fragata -en este caso estadounidense, pero da igual, ha habido de otros países, incluído el mío- abatió a tres de sus secuestradores, apenas adolescentes desarrapados -vale que con armas capaces de reventarte la cabeza-, con disparos de precisión desde unos setecientos metros. Bueno.