Google+
Mostrando entradas con la etiqueta república. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta república. Mostrar todas las entradas

6.14.2014

España-Holanda, Crónica.

Bien, son las 22:43, hora española (la de Berlín, pero esa es otra historia ). 

A mí, me gusta el fútbol. 

Manólo Vázquez Montalbán, también. En alguna ocasión, nos contó, no recuerdo ahora mismo la cita exacta, que uno no puede ser siempre racional -Manolo hablaba de dogmatismos, pero también de sectarismos-. También nos dijo que el fútbol era el lugar de encuentro de las pasiones (como la copla, a la que recuperó para el pueblo y nos enseñó que teníamos una educación sentimental que era nuestra; que la copla era la vía de escape de los patios de vecinos y de los sentimientos de la clase trabajadora). 

Manolo nos enseñó, gramscciano  él, que le vamos a hacer, que es tarea nuestra, colectiva pero también indiviudal, la de construir(nos) espacios de libertad. El fútbol es uno de ellos, pero también la copla, la literatura, la lectura. 

En definitivas cuentas, nos enseñó que la libertad no es un derecho, es algo que está ahí y que se coge, se agarra desesperadamente, que la libertad no nos la quitan, porque es nuestra.

Bueno.

Sabemos que las tendencias y los trending toppics en twitter, esa manía de las etiquetas -etiquetar es identificar tanto al amigo como al enemigo, es tomar partido, pero no "partido hasta mancharse" (no significa compromiso, solo partidismo), sino señalar la diana contra la que atacar o a la que defender-, son falsas, en la primera acepción que ofrece la R.A.E. (1).

Reclamar la reflexión en tiempos de crisis. Citar a Azaña. Creer en el espíritu republicano (preguntarse "¿qué república?", es una mera cuestión retórica: la cosa pública es lo que nos atañe a todos, el interés general, el preguntarnos, una y otra vez, qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo).

Echo de menos las conversaciones de Manolo con Julián Marías, corazón tan blanco, corazón tan blau, pero conversaciones. Diálogo, reflexión y política.

Bueno.

Y las redes. La anomalía.

A esta hora la tendencia en este país es la siguiente: 






6.25.2009

a falta de mejor nombre

va a ser arbitrista.

el arbitrismo fué en sí un género literario y político a la vez. los súbditos se dirigían a la autoridad de la época (la que tenía el arbitrio, la capacidad de arbitrar entre los poderes) para exponerle sus cuitas y, a la vez, sus soluciones.

el arbitrismo abarca, en general según las fuentes, desde el primer tercio del XVII hasta bien entrado el XIX, aunque en éste siglo ya era una forma arcaica y fuera de lugar.

dirigirse a la Corona porque era la única autoridad, ese es el principio que enarbola Iñaki Anasagasti como motivo de su obra "Una monarquía protegida por la censura" (Madrid, Akal, 2009).

suscribo al cien por cien el papel hipócrita del monarca y su casa durante estos años, respaldados unánimente por los medios, los grandes partidos y los gobiernos de turno. es cierto que, hasta ahora, y sólo desde hace unos años, con la llegada al poder de nuevo de los socialistas, la figura de la sacrosanta familia real era inviolable.

es cierto que lo menos que podían haber hecho es aprender las lenguas cooficiales del estado, que en el discurso de fin de año, aparte de manifestar el orgullo y satisfacción de la reina y propio, podría haber dedicado unas palabras en catalán, en euzkera, en galego...

es cierto que nunca sabemos dónde está la real figura salvo cuando se hiere cazando osos drogados en algún país del este de europa.

es cierto.

pero no divaguemos, volvamos al principio.

el libro de Iñaki Anasagasti, con el cual se pueden compartir argumentos, no es una obra a favor de la república. no lo puede ser, proveniendo de un miembro insigne del Partido Nacionalista Vasco.

si me remito a los arbitristas es porque Anasagasti justifica la actuación de su partido en el recurso a la autoridad del estado, afirma que ellos -el PNV- se remitieron a la corona como única autoridad durante la transición para poder alcanzar el entendimiento.

bueno. esa es la tesis clásica del nacionalismo vasco: del resto de los pueblos del estado español no queremos saber nada, nos entendemos directamente con madrid, mande quien mande. ya lo hicieron durante el franquismo.

Anasagasti da rodeos, una y otra vez, a la figura del rey y la corona, para justificar, a partir de la traición por parte de ésta, la desafección del nacionalismo vasco al estado...

"olvida" que, en este estado, la soberanía radica en el pueblo, no en la corona (otro día hablaremos de la "irresponsabilidad" del rey). justifica así la insolidaridad de los suyos para con el resto de los pueblos del estado español y, también, ratifica, a posteriori, la negativa del PNV a votar la constitución del 78. el nacionalismo vasco nunca ha querido sentarse en una mesa con el resto de los pueblos del estado -modelo federal- sino que prefiere sentarse a discutir únicamente con madrid/la corona (modelo confederal), y a los demás que les den.

en realidad, a pesar de parecer una obra nueva y valiente, el libro de Anasagasti es una manifestación más del fuerismo, lo podría haber escrito el pretendiente Don Carlos en pleno siglo XIX: se harta del concepto "ciudadanía", pero en realidad no ataca a la corona, sino al coronado.

un arbitrista más. muy antiguo todo, cómo el bien dice, dos siglos de luchas carlistas.